Capítulo 2 - Durlești
El frio viento del invierno golpeaba nuestro parabrisas mientras avanzábamos lentamente por la calle nocturna del centro chisinauense, en dirección a la casa. Giré a la derecha, y después de unos segundos de andar un poco más, regresamos al pórtico. Al aparcar el carro en el espacio techado, le pedí a Alina que sacase las compras del supermecado de la maleta mientras yo cubría el carro con la lona que teníamos en el asiento trasero. Al entrar a la casa, encontrámos a nuestra izquierda a Costin acostado en el sillón viendo la televisión. La chimenea estaba encendida.
-Genial, compraron leña, gracias. Dije.
-Sólo trajimos una caja, pues tuvimos que regresar a pie, el carro lo tenían ustedes. Hay un poco más en el cuarto de almacén de atrás, ya estaba aquí cuando llegamos ayer. Respondió Costin.
Anton se encontraba en la sala del comedor, trabajando en algún tipo de dispositivo con muchas piezas electrónicas y herramientras pequeñas a su alrededor. Cuando Alina y yo entramos a la casa, sólo se limitó a saludarnos con un simple "hola" y continuó trabajando.
En la televisión se mostraba una vieja película dramática de los 90, transmitida por el canal nacional de Rumania.
-Tienen el canal nacional aquí, genial. Dijo Alina.
-Este y unos cuantos más, hay muchos canales rumanos que están disponibles acá también. Respondió Constantin.
-¿Y qué estás viendo?
-Un clásico, solía verlo con mi madre muchas veces, cuando era más jóven.
Luego, mientras hablábamos, ocurre la escena del beso entre los dos protagonistas, un hombre y una mujer, mientras una música muy dramática suena.
-Esos eran ustedes dos hoy, en la puesta del sol. Dijo Anton desde el comedor, refiriéndose a Alina y a mi.
-Esos son Costin y tú cuando nadie los está mirando. Retalió Alina.
Constantin y yo soltamos una risa energética, mientras que Anton, molesto, gritaba cosas que no llegamos a escuchar por el ruído que nuestras carcajadas y la televisión hacían. Alina también reía, un poco más despacio.
-Yo tengo mejores gustos, no salgo con enanos. Dijo Constantin.
Pasamos el resto de la noche sentados en el sofá; Constantin, Alina y yo miramos un poco la televisión mientras Anton trabajaba en su dispositivo. Constantin fue el primero en irse a dormir, pues había estado viendo la televisión desde hace mucho más temprano, imaginé que tendría la mirada cansada. Anton se levantaba de su asiento de vez en cuando para buscar alguna herramienta o alguna pieza que le faltase, llevaba en su equipaje algunas cartucheras donde guardaba varias cosas, cuando puse más atención al pasar por la cocina a buscar agua, noté que estaba fabricando bombillos, unidos a una correa. Al terminar, recogió sus cosas y nos dijo que nos vería mañana por la mañana, y después de llevarse unas galletas de la cocina, subió las escaleras hacia su habitación. Me quedé a solas con Alina por unos 20 minutos, antes de apagar la televisión.
-Creo que ellos no quieren ir. Dije.
-Era de lo que estaban hablando hoy ustedes tres, supongo. Respondió Alina.
-Al momento pensamos que podía ser un riesgo ir solos.
-Pero eso forma parte de la diversión, ¿No crees? Dijo ella, antes de susurrar una corta risa.
También reí, mientras la miraba con un irónico desasociego. Nos acurrucamos, y hablamos un poco más acerca del viaje, de lo raro que nos pareció el tipo del taxi en la estación de trenes, y de lo mucho que nos recordaba a uno de nuestros profesores de la universidad. Después de un rato regresamos a nuestra habitación y dormimos juntos esa noche.
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A la mañana siguiente, desperté al lado de Alina. Me levanté de la cama con mucho cuidado para no molestarla, y al calzar mis pantuflas salí de la habitación sin hacer mucho ruido. En la cocina ya se encontraba Constantin cocinando el desayuno, eran unos huevos con tomate que le encantaba preparar en sus viajes pues según él, eran comida barata y nutritiva. Yo prefería los sánduches porque eran más rápidos de preparar y más convenientes para llevarlos conmigo mientras exploraba. Anton aún no bajaba, supuse que seguía durmiendo.
-Todo un madrugador. Dije.
-Me gusta preparar todo en la mañana, si no, se hará demasiado tarde y luego no da tiempo de hacer muchas cosas.
-Hay suficiente tiempo igual.
Eran las 7:08 AM, según el reloj de pared que estaba colgado encima del microondas.
-¿Hablaste con Alina? Preguntó Constantin.
-Si.
-¿Qué te dijo?
-En realidad pensamos que deberíamos ir de todas maneras.
-Ya veo, está bien.
Dimos una pausa, luego continué:
-Si no quieres venir está bien, igual podemos visitar otros sitios.
-Está bien, vinimos a este viaje porque pensé que era una excelente idea para explorar, la zona de Durlești no es una ciudad abandonada ni nada de eso, pero era una alternativa barata con algunos sítios interesantes. Chisinau no es insegura, y resto del país es generalmente seguro también. Pero no me gustaría encontrarme con alguien en nuestras excursiones. Como sabes, lo nuestro es ir al sitio, en medio de la noche, y encontrarnos con lo que sea que nos topemos.
-¿A qué te refieres con alguien? Llevamos años haciéndolo y lo único que encontramos fueron algunos vagabundos, y eso era de vez en cuando.
-Es sujeto que el señor Mihail nos habló, por ejemplo.
-¿En serio? ¿Le prestaste atención a eso?
-Es cierto lo que dijo, estuve leyendo las noticias de hace unos años y ese tipo causó mucho revuelo por esos años, nunca lo atraparon, por lo que se supone que debe seguir por ahí, y justamente los incidentes ocurrieron en Durlești, la zona a la que vamos. Incluso si vamos a explorar otros sitios de la ciudad, no sé si sea tan seguro.
-Yo te entiendo hermano, pero esto lo planeé para ella...
En ese momento, las pisadas de Anton sobre la madera de las escaleras comenzaron a sonar. Costin y yo nos callamos mientras esto sucedia. Una vez abajo, Anton nos dio los buenos días, vestía su ropa de invierno y parecia listo para salir. Le preguntó a Costin si le faltaba mucho tiempo en la cocina, Costin respondió que ya había acabado por lo que Anton procedió a sacar unas salchichas del refrigerador y acto seguido, las colocó en un recipiente cerámico con agua y las puso a calentar en el microondas.
-¿Te importa si uso el carro por un rato Vasile? Me faltan unas herramientas y quiero ir a la ferretería, necesito un martillo más pequeño, el de atrás es muy grande y está oxidado. Dijo Anton.
-¿Está la ferretería abierta a esta hora? Es muy temprano. Respondí.
-No sé, si no lo está esperaré a que abra.
-Hace demasiado frio, quizá sería mejor que esperases un poco antes de ir.
La cara inexpresiva de Anton me hizo pensar que buscaba alguna excusa para irse lo más pronto posible.
-De hecho debo ir por otras cosas también, puedes usar el carro.
Luego de eso, el microondas se detuvo haciendo su pitido característico. Anton procedió a colocar sus salchichas en un tapper, después sólo se despidió rápidamente y salió por la puerta de la entrada.
-¿Qué le pasa? Pregunté.
-Hablamos ayer, y decidimos que iremos por nuestra cuenta. Tú y Alina pueden usar el carro si quieren. Iremos a las zonas más turísticas, creemos que es lo mejor si queremos evitar riesgos innecesarios.
-Creo que se tomaron muy en serio las palabras del señor Mihail.
-Como te dije, estuve investigando y las noticias son reales, hay incluso una en donde se menciona que fueron encontradas algunas herraminetas abandonas, en algunos sitios abandonados de Durlești que se piensan son del sujeto ese; esto porque estaban en buenas condiciones. Esta noticia fue hace siete meses, supuestamente fue reportada por un vecino local.
-Pues me parece un poco morboso que hagan una noticia acerca de unas herraminetas que podrían ser de cualquier persona.
-Bueno Vasile, creo que Anton y yo ya lo decidimos. No te ofendas, pero vélo como una oportunidad para pasar más tiempo con ella. Me parece que un poco de tiempo a solas les haría bien.
-Bueno, como tú quieras. Respondí finalmente.
Alina salió de la habitación poco después, Constantin y yo ya habíamos acabado de desayunar los huevos con tomate para ese entonces. Costin nos mencionó que se reencontraía con Anton en algún sitio del centro y que irían a no sé dónde, yo no conocía mucho la ciudad pero por lo que pude entender iban a algunos puntos imporantes del centro. Costin subió las escaleras en dirección al baño del segundo piso.
Poco después, encendí la televisión con el objetivo de matar el silencio de la sala, bajé el volumen, y después de prepararme un café me senté con Alina mientras desayunaba.
-¿Dormiste bien? Pregunté.
-Muy bien, mejor que ayer.
-Costin y Anton nos dejaron el auto, podríamos ir a las ruínas primero, y luego al bosque.
-Me parece bien. Podríamos incluso estacionarnos en algún sítio y visitar los alrededores a pie, luego en la tarde podríamos regresar y vamos a Durlești en carro. Así ahorramos gasolina.
Dijo en la tarde, porque en Chisinau la puesta de sol en Enero es alrededor de las 4:40PM, al llegar al bosque sería ya de noche.
Asentí con la cabeza y mientras tomaba mi café hablamos de otras cosas. Pasó un rato.
Después de ducharse y vestir sus ropas de invierno, Costin se despidió y salió en direccion a la parada de autobuses. El cielo estaba claro ese día. Según el termómetro digital de la encimera, hacían 0 grados esa mañana.
-Bueno, me voy a duchar primero, así aprovecho el agua caliente. Dijé.
Al acabar, ella se duchó también e inmediatamente después nos preparamos. Empacamos nuestras cosas, entre ellas nuestras cámaras fotográficas, filtros de fotografía nocturnas, lámparas, baterias, mi kit de ganzúa y otros bienes necesarios para la exploración urbana. No trajimos comida, pues la compraríamos más tarde. Llevábamos mochilas. Íbamos al bosque de Durlești, en donde supuestamente habían varias casas abandonadas que podíamos explorar. La razón por la que íbamos en invierno es porque pensamos que podríamos tomar muchas fotos interesantes, pues la nieve siempre da una sensación más escalofriante. Además, la probabilidad de encontrarnos con alguien sería casi nula.
-¿Llevas otra bolsa? Pregunté.
-Si, por si encontramos algo que valga la pena traer con nosotros. Dijo ella.
Luego de asegurarnos que no nos faltaba nada, vi el reloj, eran las 9:28 AM. Salimos y nos fuimos en carro en dirección a las ruinas.
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Ella conducía, aún hablábamos de la suerte que tuvimos porque el clima fuese decente hoy. Las ruinas estaban cerradas por temporada de invierno, pero eso no nos impidió verlas un poco desde afuera. Seguimos el plan como lo habíamos hablado, estuvimos unas horas caminando por la ciudad, turisteando, comimos, compramos algunas provisiones en el supermercado y pasamos el rato hasta que se hizo de tarde. Íbamos ahora en dirección a la zona rural de Durlești, nevaba ligeramente y no hacía mucho viento.
Eran las 5:56 PM y ya había anochecido, en la radio, sonaba un programa de entrevistas local al cual no prestamos mucha atención durante el viaje. En su teléfono, ella tenía una aplicación de GPS que le mostraba el camino correcto. Estábamos cerca de nuestro destino. El carro se mecía ligeramente de derecha a izquierda debido al relieve del descuidado pavimento. Ya casi no se veían personas pues estábamos en una zona más alejada al este de Durlești, hacía más frio y comenzábamos a entrar a la zona más rural.
Eventualmente, las casas eran substituídas por árboles y arbustos, el pavimento se volvió tierra y los postes de luz eran cada vez menos frecuentes. El carro se mecía todavía, pero vibraba de vez en cuando, pues saltaba cada vez que conducíamos sobre un agujero en el camino de tierra que no llegábamos a divisar a tiempo debido a la falta de luz. Estaba oscuro y nuestra única fuente de luz eran los faros de nuestro vehículo, algún que otro poste y la ténue luz de la luna.
-Faltan unos 100 metros. Dijo Alina.
Sigió conduciendo, detrás de algunos cuantos árboles que se extendían a ambos lados del camino, comencé a divisar algunas casas que estaban levemente ilumanas por la luz lunar; estaban un poco más alejadas del camino, pero los árboles no eran lo suficientemente densos como para impedir divisarlas a la distancia.
-Durlești tiene casas bonitas, estuve viendo algunas por Internet, pero esta zona en particular es la única que tiene sítios para explorar. Dijo Ella.
Al andar un poco más, se estacionó a un costado de la carretera. Yo sugerí que se estacionase en un espacio que estaba disponíble justo al lado de uno de los caminos de tierra que llevaban a las casas, sólo para asegurarnos que no impidiese el paso de otros transeúntes en la via principal. Alina estuvo de acuerdo y procedió a salir de reversa, acomodarse, y estacionarse en la grama más alejada, dando la espalda al camino principal. Salimos del carro, y abrimos el maletero para llevar nuestras mochilas. Una vez listos, comenzamos nuestro camino a la zona abandonada.
Nos tomó aproximadamente dos minutos para adentrarnos a la zona, iluminábamos nuestro camino con nuestras linternas de larga duración, aunque la luz de la luna nos ayudaba un poco también. Lo primero que notamos despúes de andar un poco más fueron numerosos postes de luz - algunos ligeramente inclinados - que alguna vez iluminaron aquellos hogares, obviamente, ya no estaban funcionales. Luego, vimos tres casas cercanas, una a la izquierda y dos a la derecha un poco más alejadas; y más lejanas todavía, divisamos más estructuras que no pudimos contar en ese momento. La casa de la izquierda estaba delimitada por un pequeño cercado que se podía saltar, y a su derecha, había un pequeño terrero que muy probablemente solía ser un jardín; esta casa estaba especialmente deteriorada pues su pintura blanca se había pelado con los años, y por lo que pudimos notar, parte del techo estaba derrumbado.
-Quizá no sea buena idea comenzar por esta, puede ser inestable. Dije.
Continuamos caminando hasta estar más cerca de las dos casas a nuestra derecha. Estaban más juntas y no tenían jardines a los lados, pero una de ellas parecía tener un pequeño espacio en la parte trasera. Al iluminar la casa más próxima a nosotros, reparamos que no poseía cercado, tenía pintura beige, era de concreto y su techo y paredes parecían estar en buenas condiciones. La casa de al lado también parecía estable.
-Elige tú, ¿En cuál entramos? Pregunté.
-A la beige, parece más grande y creo que tiene un patio que también podríamos explorar. Quiero ver si es seguro ir al segundo piso.
-Muy bien.
Después de pasar el pequeño pórtico, me acerqué a la puerta, estaba cerrada. Alina sugirió mi ganzúa, que solía usar para este tipo de situaciones. Yo tuve otra idea pues no quería forzar la puerta: miré a mi derecha en dirección a una de las ventanas deslizantes, intenté moverla levemente pero con alguna fuerza para intentar abrirla, sin éxito alguno. Usando mi lintena, iluminé el espacio que estaba entre la ventana y el marco, sólo para descubrir una cerradura con alambre para encajar, de esas que basta subirlas para desbloquearlas. Usando un alambre que traía conmigo en mi kit de ganzúa, subí la cerradura lentamente, intentando no romperla, y después de algunos segundos, conseguí sacarla de su encaje, después empujé la ventana hacia la derecha con algo de esfuerzo, la fricción entre la madera y el marco de la ventana era considerable y al empujarla se producía un sonido de dos superficies rebotando una sobre la otra. Eventualmente conseguí abrirla lo suficiente como para poder entrar.
-Mejor el cerebro que la fuerza. Dije.
-Uy, mi héroe. Respondió ella.
Nos quitamos nuestras mochilas y las colocamos del otro lado de la ventana, pues esta no era muy grande y pensamos que si intentábamos entrar con ellas puestas, no cabríamos. Nos adentramos al interior de la casa, no fue fácil pues nuestra ropa de invierno aumentaba nuestro volumen corporal considerablemente, fuimos con cuidado de no pisar nada del otro lado que nos hiciese tropezar. Una vez dentro, reparamos que el aire estaba estancado y había mucho polvo, seguía frío, incluso en el interior. Al encender nuestras linternas, vimos una sala de estar con una mesa de madera rústica en el centro de la habitación. No habían muchos muebles, el único que conseguimos divisar en esa habitación fue a nuestra derecha, era un alto armario clásico, hecho de madera también, que probablemente fue dejado allí por ser demasiado pesado para se movido.
En frente nuestro, había una puerta que conducía a otra habitación que pensamos era la cocina, a nuestra izquierda habían unas escaleras que conducían al piso de arriba y debajo de ellas, abría puerta que quizás fuese un pequeño trastero o una bodega. Alina ya había comenzado a preparar su cámara fotográfica mientras yo recorría un poco la sala, después de unos segundos, ella tomó una foto mía abriendo la puerta hacía lo que resultó ser la cocina, como había deducido unos momentos atrás.
-Voy a tomar algunas fotos aquí abajo y luego subiré a ver si hay algo interesante en el segundo piso. Dijo Alina.
-Querrás decir el primero, estamos en planta baja.
-De hecho depende de dónde vengas, algunos países le llaman a este piso el primero, como en América, otros lo llaman la planta baja. Yo prefiero llamarlos por números en lugar de andar complicando las cosas.
-¿Eso lo viste por Internet?
-Nos lo dijo un profesor de inglés durante una clase, en mis primeros años de universidad.
-¿Ese del que estabas enamorada?
Alina, arqueando una ceja, me miró con una sonrrisa avengonzada, como si me estuviese diciendo con la vista: "¿En serio mencionas esto ahora?".
-Era más un amor platónico, yo era más jóven entonces.
Los dos sonreímos, después de unos segundos yo entré a la cocina y mientras preparaba mi cámara para tomar algunas fotos, Alina ya había tomado algunas fotografías y ahora subía las escaleras. Volví a la sala.
-Cuidado al bajar, revisaré la bodega debajo de las escaleras, no quiero que me aplastes si se llegan a derrumbar. Dije.
-No lo haré, te aviso cuando baje. Respondió ella.
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Eran las 7:14 PM, habíamos explorado dos casas. Conseguimos tomar unas buenas fotos en la primera, los filtros nocturnos de nuestras cámaras eran propícios para obtener buena iluminación en la imagen, y la luz lunar que pasaba por las ventanas en algunos puntos de la casa hacían de este efecto todavía mejor. Encontramos algunos objetos abandonados en la cocina, algunos utensilios los cuales amontonamos y fotografiamos. En la bodega, sólo había un rastrillo viejo del cual también tomé una foto. En el segundo piso, las habitaciones estaban desalojadas, con exepción de una que todavía tenía un armario pequeño, que estaba vacio. Había un baño totalmente vacío también, pues el retrete, el lavamanos y otras piezas habían sido desinstaladas; supimos que era el baño porque estaba decorado con cerámicas blancas y tenía algunas tuberías de plástico que sobresalían de las paredes y que en el pasado permitían el flujo de agua; aún así, la imagen que Alina tomó de este cuarto de baño fue mi favorita de esa noche, pues producía una sensación de misterio y aislamiento increíble.
La segunda casa, era una cabaña de madera más pequeña y de más fácil acceso, pues no tenía puerta. No tenía segundo (o primer) piso, aunque sí tenía un ático al cual decidimos no entrar porque no parecía lo suficientemente estable como para aguantar muestro peso. Esta estructura tenía un terreno más grande en la parte trasera que más que un jardín, nos recordó a un espacio de cultivo doméstico. Poseía un baño simple, un cuarto con una base de cama metálica sin el colchón y una pequeña cocina al lado de la puerta que daba al terreno. Aquí no estuvimos mucho tiempo, pues sólo tenia algunas herramientas viejas tiradas por ahí. Aún así tomamos algunas fotos de estas y de la trampilla que daba al ático. Luego de salir, pensamos que podría ser una cabaña de agricultores, pero nos pareció extraño que tuviese un ático.
Decidimos explorar un último sitio antes de que se hiciese más tarde, también se hacía más frio pero pensamos que quizá podríamos tomar algunas fotos en donde la nieve fuese visible pues hasta ahora sólo habíamos capturado espacios techados - con excepción de unas fotos que tomé del jardín y el terreno. Estabámos ligeramente más alejados de la casa de agricultura que habíamos visitado momentos antes, para llegar a ella tuvimos que cortar a la derecha en un pequeño camino que conducía a otras propriedades más remotas del camino por el que entramos, era una zona más llana y sin muchos árboles. Continuando por este camino, eventualmente divisamos una estructura con un aspecto más irregular, y al acercarnos más, nos dimos cuenta que era una casa cuyo techo se había derrumbado parcialmente.
-¿Vamos? No creo que un techo pueda derrumbarse una segunda vez. Dijé.
-¿Y si es inestable?
-Tomemos el riesgo, creo que sería una buena oportunidad para tomar unas buenas fotos.
-Bien, pero sólo esta vez.
No supe al momento por qué decidí visitar esa casa medio derrumbada, pues más temprano decidimos no entrar a una cuya condición era semejante. Yo supongo que mi instinto de aventura se disparó después de que las otras dos casa no resultaron ser tan interesantes como pensamos. Entramos por lo que solía ser la entrada principal, ahora cubierta de piezas de madera rotas y escombros; tuvimos que entrar despacio pues la superficie era un poco empinada, y la nieve hacía de esta más resbaladiza. Una vez adentro, nos encontramos con más piezas amontonados en el suelo que solían ser del piso de la primera planta. Las escaleras estaban ahí, seguían intactas pero no conectaban a ningún lado pues el pasillo de la primera también planta yacía derrumbada. Podíamos ver algunas puertas a las que no teníamos acesso desde abajo, por eso nos limitaríamos a explorar la planta baja y con suerte, alguna habitación que no estuviese impedida por los escombros más grandes. En frente nuestro, se encontraba una vieja chimenea que probablemente mantenía en pie el resto de la casa que no se había derrumbado todavía. A la izquierda, además de las escaleras, estaba un marco sin puerta que daba a una habitación. No teníamos muchas opciones, si bien era más espaciosa que el resto de las otras casas, estaba casi llena de escombros que impedían nuetro paso por la mayoría de los espacios de la planta inferior. Me arrodillé y tomé una fotografía apenas entramos.
-Finalmente, tomé una buena foto. Dije.
Alina se acercó para verla, la iluminación era perfecta, y esta vez conseguí capturar una imagen de la nieve reposando sobre los escombros, la segunda planta medio destruída y la vieja chimenea cubierta de hollín le daban un toque más sombrío, la mayor parte del suelo estaba cubierda de madera rota, pero algunas fracciones estaban descubiertas y se podían ver algunas partes del suelo original, aunque incluso con el filtro nocturno, no era fácil de visualizar. Pensé que después podría aplicar un filtro adicional en mi laptop para intentar descubrir algunos detalles que a simple vista no se ven. De cualqueir manera, esta foto era más o menos lo que quería esa noche, tomé algunas más del mismo plano, por si acaso.
-Y el marco sin puerta de la izquierda lo hace ver todavía mejor, me encanta. Dijo Alina.
Nos mobilizamos con cuidado en dirección al marco, alumbrándolo el suelo para ver en dónde pisábamos, salté una pequeña depresión entre el suelo y los escombros, después de esto entré por el marco y confirmé que era la cocina. Antes de poder mirar a detalle lo que había dentro, escuché un crujido de madera rompiéndose detrás de mi, y después un sonido de tablones cayendo y chocando entre sí. Al voltear, encontré a Alina arrodillada sobre su pierna izquierda, con sus manos apoyadas en la madera rota, y con su pierna derecha atrapada en un agujero que se abía abierto en el pequeño valle que había saltado dos segundo antes. En ese momento pensé: "¡Mierda! Olvidé advertirle sobre el relieve", fue un error de principiante. Sin decir nada, me quité mi mochila, y sin prestar mucha atención sobre dónde la puse, me agaché lo mejor que pude y la tomé por su hombro derecho. Antes de empujar con fuerza, y por motivos de seguridad, pregunté primero:
-¿Estás bien? ¿Puedes salir despacio?
-No me lastimé, sólo ayúdame, empuja con cuidado.
Eso hice, teníamos poco espacio para maniobrar pues estábamos casi exactamente por debajo del marco que daba a la cocina, divisé una antigua visagra que me servía de apoyo, y que usé para ayudarme a levantar a Alina por el hombro de manera vertical - esto lo hacíamos, pues si empujaba horizontalmente, corríamos el riesgo de romper el agujero aún más, o lastimar la pierna de Alina con alguna corteza afilada. Eventualmente no fue necesario que empujase con demasiada fuerza, pues Alina, siendo lo atlética y cuidadosa que es, hizo casi todo el trabajo por sí sola, con un poco de esfuerzo, consiguió sacar su pierda derecha del agujero mientras yo la ayudaba a mantener el equilíbrio, todo esto mientras aún tenía su mochila a sus espaldas. Tambaleó ligeramente al liberar su pierna, su mano izquierda que posaba sobre un tablón resbaló un poco, pero después de unas cuantas maniobras minúsculas, se estabalizó y consiguió ponerse en pie lo suficiente como para atravesar el marco de la puerta, su mochila me golpeó la nariz al pasarme por al lado.
-¿Te lastimaste? Pregunté nuevamente.
-No, sentí alguna madera rozar mi pierna, pero el tejido de mi ropa me protegió, por suerte.
-Estuvo cerca, no estaba seguro de lo que había escuchado, pensé que algún escombro se habría caído de arriba.
-Todo bien, ya pasó...
Después de un corto silencio, con la adrelina aún haciendo efecto, dije:
-Fue mi culpa, yo salté el valle y no avisé, se me olvidó completamente.
-Error de principiante. Dijo Alina, jadeando.
Ambos reímos, paramos al jadear un poco, y luego continuamos riendo. Fueron unos 20 segundos de esfuerzo, pero fueron suficientes como para dejarnos exhaustos, yo ya había comenzado a sudar. Alina, que apoyaba sus manos en sus dos rodillas a medio archear, enderezó su espina dorsal, liberó la mochila de su espalda, y al reposarla a su derecha, se posicionó bajo al marco y encendió su linterna con el objetivo de alumbrar el agujero por el cual habría caído unos minutos atrás. Apuntó su linterna por unos segundos, y después de intentar enfocar sus ojos para ver mejor, dijo:
-Creo que puedo ver una pared de ladrillos allá abajo.
Al escuchar esto, encendí mi linterna también, y apartando entilmente a Alina hacía un costado, apunté mi linterna hacía el agujero. Efectivamente, una pared de ladrillos rojos se encontraba cimentada en el flanco izquierdo de lo que parecía ser una habitación subterránea.
-Creo que es un sótano. Dije.
-Así parece.
-¿Crees que...?
Dejé de hablar, pensaba preguntarle si le gustaría intentar bajar, o buscar alguna entrada alternativa al supuesto sótano; pero antes, tomé una pausa para pensar. Tuvo un accidente momentos atrás y no quería forzarla a tomar más riesgos. Pensé que estaría cansada y abrumada. Sin embargo, después de lo que parecieron ser cinco segundo, ella preguntó:
-¿Quieres ver si encontramos una manera de entrar?
Me sorprendió su pregunta, por motivos anteriormente explicados. Por supuesto que quería ir, no pensé mucho en mi respuesta.
-Vamos.
Acto seguido, sugerí ver la cocina primero, pero era tan pequeña que al final decidimos no tomar ninguna foto, ya teníamos algunas de la otra casa que visitamos esa misma noche. Al equipar nuestras mochilas, saltamos el agujero, esta vez con mucho más cuidado, y nos regresamos por donde vinimos, hasta la entrada derrumbada. Una vez ahí, giramos a nuestra derecha y rodeamos la propiedad desde afuera, después de andar un poco más y cortar nuevamente a la derecha, descubrimos una puerta que debía ser la salida trasera que no se veía desde adentro pues estaba cubierta de escombros. Pero lo que más nos llamó la atención fue una puerta bilco que conducía a la parte subterránea de la casa. Era una de esas puertas que se ven en las películas, semi-inclinadas, que se instalan entre el suelo y la pared exterior de la casa y se abren como si fuesen una ventana de dos puertas.
-Creo que es aquí por donde se entra. Dije.
Al acercarnos, vimos que estaba trancada con candado. Alina sugirió usar la cizalla pequeña que cargaba conmigo para intentar romperlo. Yo me negé, pues el arco del candado era demasiado grueso como para cortarlo con una herramineta tan pequeña. En su lugar, usaría mi ganzúa para interntar abrir la cerradura. Le di mi linterna a Alina y mientras ella me ayudaba a iluminar la puerta, me puse de rodillas y con mi mano izquierda, aseguré mi alambre con punta curvada sobre el rotor (por donde se introduce la llave); después sujeté el alambre con mi pulgar, y usando mi mano derecha introducí mi ganzúa en la hendidura y comencé a empujar con cuidado los pistones interiores, de atrás hacía adelante, uno por uno, hasta alinearlos todos completamente, esto me tomó unos tres minutos. El candado se abrió.
-Esta es la única cosa en la que creo que me superas, soy terrible para estas cosas. Dijo Alina.
-Por eso soy el hombre de tu vida. Volteé y le hice un infantil guiño. Ella rio.
El candado cayó al suelo. Yo lo recogí y se lo ofrecí a Alina por si quería conservarlo, ella lo tomó y lo guardo en una de sus bolsas, y mientras hacía esto, yo ya me había adelantado a abrir la puerta del sótano. Una vez abierta, nos adentranos sujetando nuestras mochilas con una mano, mientras usábamos la otra para agrrarnos en el marco superior de la puerta encima de nosotros, con cuidado de no tropezarnos o golpearnos la cabeza, dejamos la puerta abierta. Al bajar, nos encontramos con una habitación cuyo espacio cuadrado resultó ser tan grande como la base de la casa en la superficie, cinco pilares de roble y numerosas vigas de madera formaban un armazón resistente que evitaba que el material del techo (o del piso de arriba) se derrumbase. Habían varios armarios hechos a mano distribuidos por la habitación, vimos una caja de herramientas con algunos clavos en el suelo y unas piezas de madera amontonadas en la esquina izquierda al entrar. Habían otras cosas como un cofre, una mesa de bricolaje y una especie de pared falsa hecha de madera en frente nuestro, más al fondo. También habían antiguos cables eléctricos que procedían de la casa de arriba, los cuales no vimos cuando estuvimos ahí, estos estaban unidos a algunos enchufes fijados en las paredes de la habitación. Apuntando con mi linterna hacia la derecha, arriba, pude divisar el agujero en el techo por el cual Alina habría caído, y por el cual pudimos ver la pared de ladrillo desde arriba que estaba ahora a mi lado derecho. Nos adentramos un poco más.
-Parece el sótano de un constructor, o un obrero. Dijo Alina.
-Quizá era su hobby, se llevó todas sus herramientas pero dejó su mesa. Este parece que era su lugar feliz. Bromeé.
-Me gustan los pilares, quitan un poco de espacio, pero se ven geniales. Respondió.
Ella me tomó una foto en frente de uno de los pilares, esta vez usó flash, salí de espaldas. Se preparó para tomar una segunda foto, en esta ocasión, posé haciendo un gesto de surfista con la mano y sonriendo con la lengua afuera.
-Revisemos un poco la habitación y después devolvámonos, se hace un poco tarde y no sé cuanta bateria le queda a mi linterna. Las baterias de repuesto que llevo son nuevas y quiero usarlas para otro día. Dije.
-Bien, tú toma las fotos que quieras, quiero ver si aún hay algunos objetos interesantes por ahí.
Con mi cámara, tomé una foto de los cinco pilares, desde la esquina derecha de la habitación más próxima del agujero del techo, Alina salió en la foto, de espaldas, con la mesa de bricolaje y la pared falsa al fondo. Luego tomé tres fotos del agujero, una con cierto ángulo agudo, otra exactamente abajo del agujero en donde se podía apreciar parte del techo caído y el cielo iluminado por la ténue luz de la luna, y otra en un plano en donde el marco de la cocina del piso de arriba era ligeramente visible. Después tomé una foto del cofre cerrado, al abrirlo vi que no tenía nada en su interior, aún así tomé una segunda foto el cofre abierto. Fui al otro lado de la habitación y fotografié los tablones, dos de los armarios, los cables con enchufes y de algunas manchas negras en la pared de ladrillo; me tomó aproximadamente cinco minutos en realizar todo esto.
Alina, ya había revisado gran parte de la habitación, pero se mantuvo generalmente detrás de mí para intentar no salir en mis fotos. Cuando ya había tomado la última fotografía de esa noche, volteé y la vi apuntando su linterna a la pared falsa, se encontraba mirándola fijamente como si estuviese concentrada en alguna cosa que le llamó la atención.
-¿Todo bien? Pregunté.
-Si... Es como si...
Paró de hablar.
-¿Es como si qué? Dije.
-No, nada, es que me pareció muy curiosa esta pared, obviamente está separando una parte de la habitación de la otra, me preguntaba si la habitación era mucho más grande del otro lado, pero no se puede ver nada de este lado. Creo que la única manera de saberlo es rompiéndola..
-Ni de casualidad, si lo intentamos el techo se nos cae encima de seguro.
-No estaba sugiriendo hacerlo, sólo decía que sería la única manera de entrar, en caso de que quisiésemos hacerlo.
El tono de voz de Alina me hizo pensar que le ofendió un poco mi manera de expresarme, era una chica asertiva e inteligente, pero sensible al mismo tiempo. Además, en los últimos meses había estado un poco más temperamental, pero debido a su condición, yo la entendía. Después de un corto silencio, dije:
-Perdón, no lo dije con mala intención.
Alina no dijo nada, desvió la mirada hacia el suelo y después de eso, volteó a su derecha en dirección a la pared, y luego en mi dirección. Continué diciendo:
-De cualquier manera. Creo que ya podríamos ir regresando, mañana te mostraré las fotos, algunas creo que podría procesarlas en mi laptop para verlas mejor.
-Okay, luego yo te muestro las mías.
Mi mente malpensada se disparó.
-Cálmate Alina... Aquí no, por favor.
-Aquí no Vasile, en la casa... ¡Ay pero qué cerdo, acabo de entender! Dijo ella, posando su palma sobre su frente, avergonzada.
Salimos del sotano y cerramos la puerta bilco, pudimos sentir que la noche estaba más fria. Rodeamos la casa por el lado opuesto al que vinimos, pasando por la puerta de la salida trasera que vimos antes. Cruzamos la grama cubierta de nieve de manera diagonal hasta alcanzar el camino de tierra delimitado por un pequeño cercado de madera que pudimos saltar fácilmente. Pasamos la pequeña cabaña de agricultura y poco después regresamos al camino principal, por el cual continuamos unos 20 minutos. Después de andar un poco más, pasamos por las tres casas de la entrada y un poco más alejado, estaba nuestro carro. Al guardar nuestras cosas en el maletero, conducí de regreso a casa guiándome con el GPS del teléfono de Alina - que no se me daba muy bien - y con un poco de ayuda verbal de ella. Al llegar a la casa y mirar mi reloj vi que eran las 8:50 PM, había anochecido hace ya varias horas y mi reloj biológico me indicaba que ya era mi hora de dormir, no tenía hambre, pues había devorado un sánduche que llevaba conmigo mientras regresábamos al carro en Durlești. Sacamos nuestras cosas de maletero y entramos al pórtico. Ahí, Alina me abrazó por detrás mientras abría la puerta.
-Gracias por esto. Dijo ella.
-De nada amor.
Me abrazó por unos segundos, y al soltarme entramos a la casa para encontrar a Anton trabajando en la mesa del comedor. Nos saludó con la mano.
-¿Cómo les fue hoy? Nos preguntó.
-Bien, muy bien, ¿y a ustedes? Respondí.
-Bien igual, hoy fuimos a pie por el centro de la ciudad y pasamos por el ayuntamiento. Luego pasamos por las ruínas pero estaban cerradas por invierno.
En ese momento no recordé a Costin mencionarme que iría a las ruínas hoy, quizá no presté atención si lo dijo hoy en el desayuno.
-También pasamos por ahí hoy. Dijo Alina.
-Si... Después de eso simplemnte fuimos a un parque y luego a comer a un restaurante. Nos devolvimos temprano. ¿Y ustedes, a dónde fueron?
Asumí que Costin le dijo a Anton que iríamos a la zona rural de Durlești ese día.
-A Durlești, tomamos algunas fotos que quizá les gusten. ¿Constantin está durmiendo? Pregunté.
-No sé, subió a su habitación hace un rato, yo me quedé aquí para terminar unas cosas.
-¿Es una luz de casco? Preguntó Alina.
-Más o menos, es una luz de casco de larga duración, pero quería que también fuese posible usarla en mi cinturón también. Desencajarla del casco, y ¡pum! encajarla en mi cinturón y viceversa, muy práctico y compacto. He probado con varios cinturones y varias uniones pero no consigo hacerla práctica ni cómoda. Creo que iré a otra ferretería.
-Podrías comprar ese tipo de linterna con el casco y el cinturón en alguna tienda. Creo que las he visto antes. Dije.
-Eso es para Vasiles, o sea para perdedores. Respondió Anton, sonriendo de manera burlona.
Siseé una risa falsa para intentar ignorar el mal chiste.
Anton había ya comenzado a guardar sus piezas después de decir esto, paró por un momento, y nos preguntó:
-¿Quieren que vayamos todos juntos a hacer algo mañana? Costin me dijo que además del bosque hay otros sitios interesantes como una sinagoga, un observatorio o incluso una planta nuclear abandonada; creo que están más alejadas de la ciudad y necesitaremos el carro para llegar.
-¿Cambió de opinión Costin con respecto a explorar Chisináu? Pregunté.
Anton no dijo nada y con una sonrisa nerviosa dirigió su mirada a Alina.
-Ya Vasile me contó sobre su conversación de ayer, no hay problema. Dijo Alina.
-Bien... Pues la verdad es que hoy fue un día un poco aburrido, y creo que Costin se aburrió tanto de ver turistas que al final cambió de opinión. Y creo que yo también. Aún así, intentemos no volvernos locos y regresar más temprano, ¿Qué les parece? Respondió Anton.
-Pues entonces me parece bien. ¿Tú que piensas, Alina?
-A mi también, de cualquier manera, creo que es mejor hablar con Costin mañana.
Anton asintió con la cabeza, ya había guardado sus cosas y poco después se despidió, subió las escaleras hacia su habitación. Le dije a Alina que la esperaría en la habitación, ella estaba ahora en la cocina lista para preparar su cena. Entré al cuarto y agotado por el largo trayecto que tuvimos ese día, me recosté en la cama boca arriba. Luego de unos minutos cerré mis ojos y poco después de esperar un poco, concilié el sueño sin mucha dificultad.
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No sé si estaba muy consciente, y no sé si estaba en estupor en ese momento. Quizá seguía dormido, soñando. No sé ni qué horas eran, pero creí escuchar, talvez en la madrugada, la puerta de la habitación cerrándose lentamente. Cambié de posición y rápidamente volví a dormir.
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